Cuando era más joven y todavía no había salido al mundo recuerdo que tenía una idea utópica de cómo debían ser las cosas. A medida que fui enfrentándome a la vida, poco a poco, fui asumiendo la realidad y olvidándome de mi mundo perfecto y justo. Ahora se supone que soy una persona adulta y realista capaz de enfrentarme a la vida, pero me estoy preguntando ¿Y si no estaba equivocada entonces?
Soy una más que sigue los planteamientos vitales que me permite la sociedad, pero en realidad me doy cuenta de que no es lo que yo quiero. No hablo de ser rica, tener una mansión y no trabajar. Hablo de un mundo justo, donde la gente sea reconocida por su esfuerzo y los que tengan verdadera necesidad puedan ser ayudados. Donde se premien las ideas que ayudan a los demás y se castigue el egoísmo de algunos que sólo piensan para sí. Parece todo muy idílico, pero en realidad somos nosotros mismos los que impedimos que esto suceda.
En los últimos meses he conocido a maravillosas personas que luchan por lo que creen y me ha hecho replantearme todo. ¿Porqué debemos aguantar sin quejarnos? ¿Porqué permitimos que la gente que puede cambiar las cosas no lo haga? ¿Porqué no ayudamos al de al lado cuando sí podemos?
Veo que tenemos mucho miedo, no sé muy bien de qué, porque llegados a este punto ya nos están quitando la libertad de poder elegir, que es uno de los derechos más importantes. Es cierto que los que no tienen las necesidades básicas cubiertas no pueden permitirse el lujo de elegir, pero algunos sí las tenemos y tampoco lo ejercemos. Debemos asumir la responsabilidad por nuestro futuro y por el de las personas que no pueden elegir; en eso debería consistir tener un Estado donde la gente puede expresar sus opiniones.
Se están empezando a crear grupos como #nolesvotes o Estado del malestar, amén de otras páginas que gestionan el proceso burocrático de quejarse, como Actuable y otras tantas. Iniciativas que demuestran que no estamos TODOS dormidos, pero tenemos que despertarnos pronto, porque se nos va a pasar el momento de actuar y luego ya será demasiado tarde.